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Los Espirituales - Angst

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Los Espirituales - Angst

Mensaje por Mosany el Vie Mar 26, 2010 8:11 am

Hola, soy Mosany.
Llevo algunos años escribiendo historias inventadas o basadas en algo.
Esta historia tiene sufrimiento del personaje por su ser y por los sentimientos que llega a descubrir;
desde odio hasta amor. Es en un futuro y tiene fantasía. ¡Espero que les guste!




Prólogo - Aída


Nunca pensé que llegaría a funcionar, pero pasó. Ese día, fue el comienzo de una nueva era, plagada de pestes de los llamados diablos.

Hace tiempo, se descubrió que en una isla denominada H-10 se encontraban ciertas gentes que vivían de la pureza y la felicidad del placer más profundo, la felicidad espiritual. Ellos eran de tez albina, con ojos claros y cabello blanco como la nieve. Se les llamó “Los espirituales”. Su existencia servía de muchos para el equilibrio del bien y del mal; para otros, eran las reencarnaciones de los mismísimos ángeles de Dios; para los demás, eran humanos corrientes.

Lo más curioso es que su alma la portaban en un collar con la piedra de Isis, diosa de la vida en Egipto. Para ellos era su mayor riqueza y la adoraban por darles la vida y la tranquilidad que usan para habitar aquella isla.

Pero los científicos se apoderaron de algunos para hacerles experimentos, para saber de donde provenía su energía; si de la piedra o de su propia alma. Fallaron muchas veces en el intento de atravesarles el alma con un cuchillo, estaba protegida con un aura purificadora que les ayudaba a estar relajados y en paz. A consecuencia de esto, un científico, el profesor Thandore, se le ocurrió la idea de analizar la piedra en caso de que se pudiera crear una persona que fuera todo lo contrario a Los Espirituales.

De ahí nacieron “Los seguidores del Diablo”; eran oscuros, con ropa oscura, cabellos negros y ojos tales como el vacío. Muchos de ellos huyeron del campo de concentración donde los entrenaban para que no se revelaran, pero acabaron sublevándose contra los humanos y con gran ira hacia Los Espirituales. Gracias a Thandore se creó una gran masacre en el mundo, hasta que se anunció algo. Theodore encontró la forma de crear a un Seguidor del Diablo con el espíritu guiador de un Espiritual.

Allí salgo yo, Aída, una Espiritual a la que encerraron en el cuerpo de una persona. Mi alma permanece dentro de un vacío que he ido creando con el tiempo para realzar a la mujer que pueda combatir a la oscuridad que se penumbra en el mundo. Esa creación se llama Sammael, el veneno de Dios.


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Re: Los Espirituales - Angst

Mensaje por Mosany el Vie Mar 26, 2010 8:14 am

Hoy pondré hasta el 2º capítulo. Empezaré con el 3º pronto. Aquí teneis el comienzo:



Capítulo 1 - Sammael



Olía mucho a sangre, cada vez más y no paraba de moverse de un lado a otro con sus patadas infernales o sus movimientos bruscos de brazos. Empezaba a ponerme nerviosa y cuando paró la llamé.

-Sammael, ¿no crees que ya has hecho bastante? –pregunté con serenidad.

-No, esto solo es el principio. Recuerda que tenemos que eliminar a los Seguidores del Diablo y yo soy la Guardiana del Camino de los Espirituales, a pesar de ser uno de ellos –contestó con seguridad mientras caminaba con ligereza por la carretera solitaria e iluminada por el sol ardiente del verano.

-Lo sé –afirmé con superioridad.- Pero, debes tener cuidado de no fallar. Algunos humanos tienen una forma de ser muy parecida a estos y se confunden fácilmente –me puse seria. Luego pensé algo y me empecé a poner nerviosa.

-No llamo la atención –sabía lo que pensaba ya que habitaba en su interior.- Sé que se anuncia por todas partes que hemos escapado del campo de concentración y voy de negro, no tengo frío a pesar de que voy con un vestido corto y gótico, y hablo sola –ordenó un poco la situación.

-Entonces deberíamos cambiarte de ropa y hacer que no hables delante de los demás –ordené.

-No quiero, no me hace falta –pasó de mí, desobedeciéndome. Caminó hasta llegar a un bar con motel y abrió la puerta con prisa. Se dirigió hasta el camarero con rudeza y habló con él.- Me gustaría que me ofrecieras una habitación para pasar el día y la noche que quedan hasta mañana.

El hombre la miró de arriba abajo, con una mirada extraña de estar pensando en que podría ser un Seguidor del Diablo. Todos lo pensaban de ella ya que lo era pero los mataba. Se hizo un paso hacia atrás y se fue a hablar con otra persona.

Todos la miraban con la mirada asustada o atenta, esperando alguna reacción extraña para defenderse de sus pecados. Sammael era muy chula y les gritó desgarradoramente. Todos se asustaron, echándose hacia atrás del sobresalto. Por supuesto, ella se rió y volvió la mirada hacia el camarero que la esperaba con su puro en la boca y esas pintas de cervecero sin remedio.

-Tengo una habitación, pero te costará 25 pavos –se esperó pero al ver que ella no le contestaba se puso graciosillo.- Ah, y otros 5 pavos por las molestias de ir con esas pintillas, que parece que busques temita por aquí –sonriendo.

-Gracias buen hombre, me las apañaré sola –le cogió de la camisa fuertemente y tiró de él para acercarlo; este se asustó.- Eso sí, dígame donde puedo quedarme aunque haya gente dentro y sin pagar nada… -sonriendo ahora ella.

-¡Cl… Claro señorita! –cogió el teléfono al ella soltarle y llamó a una de las habitaciones. Me eché las manos a la cabeza.

-Creo que te estás pasando –en cambio, ella resopló con pesadez.

-Vale tío, venga –colgó y la miró riéndose.- En la 20 hay una banda de música que no para de molestar, ya llevan dos noches aquí; si quieres, puedes echarlos tú misma y te quedas ahí –le recomendó.

Sammael no contestó, volvió a sonreír y se fue escaleras arriba buscando el cuarto 20 por todo los pasillos. Cuando lo encontró se paró.

-¿Les vas a echar a patadas? –me sorprendí.

-Sí –se crujió las manos.- Algo de diversión nunca viene mal –rió entre dientes.

-A lo mejor ni siquiera han hecho nada Sammael, además que no podrás matarlos si no son diablos como tú –le recordé algo asustada.

-No te preocupes, lo recuerdo –me tranquilizó un poco y de una patada echó la puerta abajo, dejándose descubrir a 5 chicos tocando instrumentos y haciendo el bestia. Claro, cuando ella entró sin llamar se quedaron boquiabiertos.- Servicio de habitaciones, ya se están largando…

Todos se quedaron sorprendidos, al menos eso decían sus caras. Solo por ello Sammael se sentía orgullosa pero, de repente, las risas empezaron a convertirse en carcajadas hacia ella. Se quedó perpleja, no sabía lo que pasaba. Le cabreó muchísimo que tuvieran la poca vergüenza de reírse de ella delante de sus narices.

-¡Jajajajaja! ¡Por favor! ¡Qué alguien la haga callar! –riéndose a más no poder.

-Gracias por la demostración de fuerza, muy amable. Pero, ¿tú qué haces aquí? –se acercó dos pasos de donde estaba hacia ella, con curiosidad. Era un chico que destacaba por unas gafas de motero negras, con una chupa blanca y una camisa negra, vaqueros ajustados, botas de punta y cabello negro y medio corto. A mí, lo que más me sorprendió fue su sonrisa, tenía unos labios bonitos, con el labio superior fino pero el inferior más carnoso, y con unos dientes blancos y perfectos.

-Esta es mi habitación ahora, listillo –acercándose a él, y se puso de puntillas al mirarle de cerca, ya que era un poco más alto que ella.

-¿Te lo ha dicho el dueño?

-El camarero ese con pintas de “no me mates” –lo informó con rabia.

-Pareces nerviosa y enfadada, ¿es porque nos hemos reído? Perdona, pero nos has hecho mucha gracia –sonriendo de nuevo.

-¡¿Qué?! –enfadándose más.

-Déjalo Sammael, es buena persona –la avisé. Ella se bajó de sus alturas y desvió la mirada, muy molesta.

El chico se extrañó por tal reacción, luego más cuando ella saltó por la ventana, sin despedirse; y a paso ligero, se fue yendo por la carretera, a pesar de que se hacia de noche.

-¿Por qué no has querido quedarte? ¿Solo porque se han reído de ti? –pregunté.

-Son unos… -la hice callar.

-Sammael, cuida tu lenguaje. Entonces, ¿qué haremos ahora? –preocupada.

-Caminar hasta el próximo motel que encontremos por la carretera. O si llegamos a un pueblo o a la cuidad, mucho mejor que quedarnos en un lugar de mala muerte –contestó.

Paseamos por la carretera sin rumbo, debían ser las 11 de la noche y no habíamos encontrado nada más que campos y carteles de pueblos. En cambio, nunca se veían casas o luz de algún vehículo. Después de un buen rato, encontramos a unos vagabundos con una hoguera en medio de los hierbajos que rodeaban la carretera hasta perderse en el horizonte. Nos acercamos para ver si podían ofrecernos algo, a pesar de que a mi me sabia muy mal. No tenían comida y parecían bastante desnutridos.

-¿Caminantes? –preguntó uno.

-Pasábamos a ver si tenían algo de comer, pero veo que no… -lo dijo con normalidad. A veces Sammael me sorprendía; era muy seria, tozuda, mala, pero en el fondo era sensible, amable y buena.

-No no teníamos… Pero ahora sí tenemos… -dijo el otro, levantándose los dos. Eso nos dio un escalofrío y nos echamos atrás. Sammael se puso a la defensiva y yo los detecté.

-Seguidores del Diablo, ¡qué bien camuflados estaban! –atenta a las acciones de Sammael y los diablos.

-Están hambrientos, ¡pero yo no voy a ser su siguiente comida! –luchó contra ellos, dejándolos destrozados a pesar de que eran resistentes y aguantaban. Al matarlos se quedó mirando la hoguera, arrodillándose frente a ella.- Aída, ¿por qué solo te puedo ver en los reflejos de mi cuerpo?

-Porque soy un espíritu que vaga dentro de tu mente y pensamientos –reflejándome en el fuego y mirándola.

-Entonces… ¿Yo soy cómo un cuerpo sin vida? –lo dijo firmemente, pero sabia que lo había dicho porque se sentía como algo que no servía para nada.

-No pienses eso, eras una persona normal cuando te trajeron a mí, te cogieron cuando estabas vagabunda por la cuidad porque habías huido de tu familia –le expliqué.

-¿Huir de mi familia? –con curiosidad sobre ello, no se acordaba de nada ya que para volverla así tuvieron que quitarle todos sus recuerdos, solo dejarle su personalidad y carácter.

-Sí, pero lo siento, no sé nada más de ello –arrepentida de no preguntarles nada más a los que la trajeron. Nos quedamos calladas un momento.

Pasó el rato y las dos estuvimos relajadas y tranquilizando nuestra energía. Cada día le hacia una sesión de paz y serenidad para que se concentrara en su aura y pudiera dormir, porque era tan activa que si no hacia eso, ella nunca descansaría. Al final, como siempre, se quedó dormida y yo, al verla descansar, sonreí y decidí acostarme también. Había sido un día duro, igual que todos los demás.


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Re: Los Espirituales - Angst

Mensaje por Mosany el Vie Mar 26, 2010 8:17 am

Y aquí el 2º capítulo. ¡Que disfruten de la historia!:



Capítulo 2 - La cuidad de los muertos


Caminábamos sin rumbo, nada más deberían de ser las 09 de la mañana. A pesar de no haber bebido desde hacia horas, Sammael parecía no percatarse de aquello y seguía con todas sus fuerzas para encontrar la cuidad donde podríamos centrarnos mejor en los Seguidores del Diablo. Todos se acumulaban donde había mucha gente y la cuidado a donde nos dirigíamos era la más poblada de la región.

Me noté mareada, a pesar de ser un espíritu dentro de otro sentía cansancio y necesitaba reposar energías. Cuando me pasaba eso significaba que a Sammael también se le agotaban aunque no lo aparentara; ella tan orgullosa como siempre, debía mantener su postura, según decía ella.

-Llevamos mucho caminando y el sol cada vez está más alto. El calor nos agota y no tenemos ni agua ni comida –renegué.

-¿Tú ves algún lado dónde parar? Porque, aunque paremos, no vamos a encontrar una solución a ello –aseguró con decisión.

Suspiré. Tenía razón.

Desvié la mirada hacia mi collar, ahí colgaba mi piedra de Isis; era la que me mantenía en paz y serenidad. Sammael también tenía una pero era oscura al ser un Seguidor del Diablo.

Sus pasos aceleraron por momentos. Bajé de las nubes de mis pensamientos y observé que había divisado una entrada a una cuidad. Sonreí de oreja a oreja, ya estábamos cerca y por ello no debíamos pararnos, ¡los humanos esperaban nuestra ayuda!

-¡Corre Sammael! ¡Si llegamos antes, antes podremos coger energía y ponernos en marcha! –le animé.

-En eso tienes mucha razón, ¡vamos! –ello la hizo reaccionar y corrió a toda velocidad. Al ser poderosa, sus piernas eran fuertes y podía llegar a correr a grandes velocidades.

Llegamos a una entrada algo vacía, y al avanzar, todo parecía un escenario de muerte, dolor y sufrimiento. Los coches estaban destrozados y no se veía señales de vida por ninguna parte; las tiendas tenían los cristales rotos, las farolas apenas parpadeaban, el suelo estaba manchado de la vida de muchas personas.

-Los Seguidores del Diablo… -susurré con tristeza, todo esto me ponía enferma de dolor. Podía sentir lo que habían sentido todas esas personas al ver que unos monstruos estaban echando a perder muchas cosas de su hogar y arruinando la vida que les quedaba.

Sammael caminó indecisa, su corazón se encogía por cada paso que adelantaba. Sus manos mecían una niebla oscura y apenas pura. Su olfato notaba el olor a sangre cada vez más intensa, a sangre reciente y en caliente todavía. Sus oídos escuchaban el silencio que paseaba con desdén por aquellas calles y avenidas que en un tiempo estaban habitadas por gente inocente. Sus ojos apenas se dejaron ver por su flequillo, miraban un único punto, intentando evitar las miradas difuntas y sin descansar de los cuerpos en el suelo sin poder respirar.

Podía sentirlo. Podía sentirla. Ella sufría, sufría porque sabía que lo habían hecho personas como ella, de su misma raza que odian a todo tipo de ser que vive en este mundo. Aquellos que estaban a las órdenes de un cuerpo sin corazón, de una mente sin sentimiento…

-Tú no eres como ellos, Sammael… -intenté levantar su rostro.- Tengamos esperanzas, no todos aquí están muertos. Puedo escuchar la débil respiración de alguien cerca –le dije al acabar de notarlo.

-Creo que es esa persona –se acercó corriendo hacia un joven y lo inclinó por los hombros. Parecía dormido, pero respiraba y sangraba por la boca y su ceja izquierda.- Tiene un golpe en la cabeza pero creo que podrá sobrevivir, ¿no Aída? –me lo mormuró con un tono que no pude resistir a afirmar, se le notaba triste y preocupada por aquél humano de cabellos castaños y labios pálidos por la pérdida de sangre.

-Vamos a llevarlo a algún lado donde pueda estar cómodo –le ordené para poder realizar un ritual de curación. Nunca lo había intentado pero haría lo que fuera por ella.

Sammael lo cogió en brazos, daba una extraña impresión al verlos ya que Sammael era pequeña y delgada; a simple vista no tenía fuerza ninguna. Pero lo llevó a cuestas hasta llegar a una camilla fuera de un hospital que, seguramente, habría salido despedida de la explosión. El edificio se mostraba quemado y destruido por todas partes.

Lo dejó en la camilla, acarició su rostro y este entreabrió los ojos sin conciencia de lo que había pasado. Miró a Sammael primero con confusión, pero luego sus ojos mostraron un brillo de amor, amor a la persona que le quería salvar de sus graves heridas. Yo lo noté, pero Sammael todavía era un espíritu bueno muy joven para entender esa profundidad en los ojos de una persona.

-¿Qué hago? –preguntó Sammael, esperando ordenes.

-Solo pon las manos sobre él, pero sin tocarlo –ella lo hizo y proseguí.- Ahora déjame transmitirte por vía sanguínea la energía que le pasaré a él para que sus heridas al menos sanen un poco y pueda sobrevivir –me concentré, cerrando los ojos y uniendo mis fueras en un mismo punto; el vínculo que tenia con Sammael.

Ella lo sintió, dejó fluir ese chacra que correteaba por su cuerpo hasta llegar a las manos, donde estuvo un rato acumulándose y luego salió despedido al cuerpo del joven, pero sin él notarlo.

-¿Lo notas? –Le preguntó al joven, solo le respondió con afirmación un suspiro de placer y alivio.- Me llamo Sammael, soy la persona que crearon para derrotar a los Seguidores del Diablo y que se escapó del campo de concentración donde nos entrenaban a mi y al espiritualista que hay dentro de mí, que la llaman Aída –le explicó, no sabía si él estaba en el ajo pero siguió con curiosidad por dar un tema de conversación.- ¿Cómo te llamas?

-Oberón –tardó en contestar, incluso dio la sensación de que se lo pensó por desconfianza pero al notar que le estábamos curando lo soltó despacio.

-Me gusta el nombre. Pregúntale qué ha pasado –aunque pensé que ya lo sabríamos pero prefería oírlo de sus palabras.

-Nos atacaron… Los diablos destrozaron todo, buscaban algo o a alguien –se cortaba en cada palabra para coger aire y relajarse, se le notaba nervioso.

-No te preocupes, ya estamos nosotras para cuidarte –sonrió, ¡vaya! Nunca la había visto sonreír, incluso a él también le pareció extraño pero tierno a la vez.

En ese instante ella notó una energía que se acercaba a gran velocidad. Luego escuchamos el ruido de un motor; ahí yo me extrañé demasiado pero le dimos a todo respuesta cuando apareció un coche y derrapó muy cerca de nosotros parando en seco. De él salieron 5 chicos, ¡eran los de la banda del motel! El líder se nos acercó deprisa y cogió a Sammael del brazo, apartándola y cortando el ritual de sanación.

-¡¿Pero qué haces?! –enfadándose muchísimo.

-¡Avistarte! ¡Los Seguidores están aquí de nuevo, y lo mejor es que nos vayamos! –tirando de ella.

-¿Los Seguidores?... –entonces los vi al otro lado de la camilla donde Oberón yacía todavía insuficientemente curado para levantarse y caminar.- ¡Sammael! –la avisé con terror.

Se dio cuenta y esquivó un ataque, cogiendo al líder en brazo y luego lo dejó en el suelo. Echó una mirada a los chavales de que si se movían, las pagarían con ella, y se fue a la carga. Al estar sin energías, no podía derrotarlos de un golpe, los tiraba al suelo pero volvían a levantarse y molestar. Por suerte, los nuevos compañeros de combate tenían armas de fuego y nos ayudaron un poco a destrozarlos.

Contemplaba el combate, avisaba mucho a Sammael para que nadie le diera por la espalda. Pero al desviar la mirada, me di cuenta de que tres demonios cogían a Oberón.

-¡Oberón! –le grité para que se diera cuenta y le ayudara.

Se giró, buscándolo con la mirada, y cuando lo localizó, corrió hacia él, evitando a todos y saltando sobre ellos. Uno de los diablos la vio y empezó a luchar con ella; le estaba costando, era en más fuerte de los que habían llegado. Contemplé la mirada de Oberón, era de esperanza de que ella volviera con él; alargaba la mano, buscando la ayuda que necesitaba de su salvadora.

-¡Oberón! –chilló, le salió del corazón pero cuando se dirigía hacia él, el líder de la banda la cogió por los dos brazos y la echó atrás.

-¡No! ¡Ya no puedes salvarlos! ¡Son muchos y pareces débil! –cogiéndola con fuerza, aunque le tuvo que ayudar un amigo y la metieron en el coche.

-¡No! ¡Soltarme! –luchando con los que le cogían con uñas y dientes, luego se giró hacia él.- ¡Oberón! –alargando la mano, pero era tarde, los demonios empezaban a esconderlo entre su oscuridad.

Observé con tristeza la escena, Sammael tenía la mirada perdida en el horizonte, buscando a Oberón entre lo que se quedaba atrás. Apenas el aire podía hacerla reaccionar, estábamos muy lejos de la cuidad y nos dirigíamos a un pueblo cercano donde, tal vez, también necesitarían nuestra ayuda.

Uno de los compositores, con el pelo por los hombros y rizado, le acarició el cabello. Otro iba delante, mirando un mapa junto al conductor, que llevaba una coleta rubia y el pelo liso pero con volumen. El líder se quitó las gafas, restregando las yemas de los dedos por los ojos, no supe si era por cansancio o por resignación. El quinto llevaba nos llevaba encima, era el que más nos sujetaba, aunque no nos prestaba mucha atención ya que miraba mucho el paisaje.

Sammael se dio cuenta de que la tocaban y se enfureció.

-¡No me toquen! –apartando las manos del que estaba debajo y pegando una manotada al que nos acariciaba la cabeza.

-¡Eh! ¡Eh! ¡Tranquila toro! Que no te vamos a hacer nada… -este se cruzó de brazos, molesto. No entendía el por qué de su enfado, yo sí.

-Relájate pequeña. Además, no habríamos podido salvarlo. Sé que es una pena –suspiró.- Pero así es la vida, pierdes a personas pero otras vuelven –la miró extrañado.- Solo lo conocías de un día supongo, ¿no?

Sí, era verdad, si lo conocías de un día no podías cogerle cariño. Pero entendía a Sammael, ella nunca había recibido una mirada tan tierna y con tanto amor por nadie.


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Re: Los Espirituales - Angst

Mensaje por Serena_serenity el Vie Mar 26, 2010 9:23 am

Hola Mosany!!

Wiii que bien que hayas puesto aqui tu historia :D
Ya sabes que me gustan todas tus historias, tienes talennto para la escritura :D
Y ya sabes que este capitulo como te dije en otro lado fue triste ToT que pena que no pudo salvarlo ToT
Actualiza pronto :D
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Re: Los Espirituales - Angst

Mensaje por pixie89 el Jue Nov 22, 2012 10:10 pm

se cierra tema porke tiene dos mas años sin actualizar i la autora un año sin venir al foro, kuando regrese se podra reabrir el tema si asi lo decide...
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Re: Los Espirituales - Angst

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